Los comendadores de Córdoba
FICHA ARTÍSTICA

Elenco
Juan Carlos Arráez, Rakel Camacho, Alberto Gómez (Víctor Anciones), Antonio Lafuente, Sergio Leal, Sonia de Martín (Luna Paredes), Paco Puerta, Antonio Sansano y Triana Zárate.

Espacio escénico y vestuario
Juan Antonio Bello y Laura Ordás

Iluminación
María José de Pomar

Espacio Sonoro
Triana Zárate

Adaptación
Antonio Sansano y César Barló

Dirección
César Barló

Lope de Vega escribió esta tragedia de honor en 1596. Después de 400 años contemplamos con una actitud pasiva las tragedias de honor de cada día en el telediario. Posesión, envidia, celos, amor, deseo y la privación de libertad se presentan ante el espectador de tú a tú, sin artificio ni intermediarios.

Un texto no representado que devolvemos a las tablas a partir de una propuesta escénica sobria y directa. La acción se desarrolla desnuda ante los ojos del espectador. Si la cotidianidad anestesia nuestra conciencia social, quizá el teatro pueda hacer compartir una sensibilidad que los seres humanos tenemos bajo la piel pero que un mundo tan cruento como en el que vivimos esconde bajo la alfombra.

Doña Beatriz, casada con el Veinticuatro de Córdoba, que en esos momentos se encuentra dando por terminada la reconquista de Granada de 1492, se enamora perdidamente de su primo don Jorge, comendador de la misma ciudad.
Tanto tiempo ha tardado el Veinticuatro que ha dado la opción a Beatriz a sentirse deseada por un joven apuesto.

Este triángulo se cierra con el juego amoroso que se tren entre manos Esperanza y Galindo, lacayos de Beatriz y Jorge, respectivamente, y que será al limón el detonante del conflicto. Un conflicto que desvela Rodrigo, enamorado también de Esperanza y celoso por despecho. Cuando el Veinticuatro sabe lo que ocurre solo puede lavar su honor con sangre, pues así es como se limpian estas manchas en el Siglo de Oro. Un conflicto que hoy día sigue vigente, pero que deberíamos haber superado ya.

Un hecho real sucedido en 1447 y que Juan Rulfo recogió en un romance. Lope nos escribió esta magnífica y nosotros la llevamos a las tablas, donde no habita desde el s. XVII.

Dos escaleras. Dos redes. Dons banquetas. Poco más se utiliza para llegar al público. Desnudamos el conflicto, dejamos a los personajes a flor de piel ante el espectador. Los actores evolucionan por el espacio escénico para revelar ante nuestros ojo las pasiones que atropellan a los personajes, el regocijo de sus amores, el peligro de sus osadías, la frialdad de la venganza…

Actuar directamente a los ojos del público, haciendo que sea partícipe de lo que sucede en escena, de lo que sucede en la vida. Un espectáculo que se introduce hasta lo más íntimo de los sentidos porque la violencia de la que trata, desgraciadamente, es nuestro día a día.